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July 2011

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Tratamiento de fertilidad no es tan efectivo en mujeres obesas

Por Amy Norton

Las mujeres obesas bajo tratamiento de fertilización in vitro (FIV) serían un 50 por ciento menos propensas que las de peso normal a tener un bebé, sugiere un estudio realizado en Estados Unidos.

Expertos del Brigham and Women’s Hospital evaluaron a 1.700 mujeres.

Las obesas tendían a tener niveles de estrógeno más bajos y a producir menos óvulos para fertilizar normalmente, dos motivos por los que serían menos propensas a tener un bebé por FIV.

Se sabe que la obesidad altera la capacidad de concebir naturalmente. Aun así, “existe gran incertidumbre y debate sobre cómo afecta los resultados de la FIV”, dijo la doctora Divya K. Shah, autora principal del estudio.

Los nuevos hallazgos, agregó la experta, sugieren que “los óvulos de las mujeres obesas no se podrían fertilizar tan bien como los de las mujeres con peso normal”. Cualquiera sea el motivo, “el mensaje” es que las mujeres traten de lograr un peso saludable antes de iniciar la FIV.

Para el estudio, publicado en la revista Obstetrics & Gynecology, el equipo de Shah revisó los registros de 1.721 mujeres tratadas con una ronda de FIV en su centro de atención entre el 2007 y el 2010. Todas utilizaron sus propios óvulos.

El equipo halló que las mujeres obesas eran entre un tercio y un 50 por ciento menos propensas que las mujeres con peso normal a quedar embarazadas, aun tras considerar factores como la edad y la causa de la infertilidad (si era conocida).

De las 1.023 mujeres con peso normal y de unos 36 años de edad, 440 quedaron embarazadas con un solo intento de FIV y 348 (el 34 por ciento) tuvieron un bebé.

La posibilidad de quedar embarazadas y de tener un bebé fue un 50 por ciento más baja en el grupo con obesidad extrema (índice de masa corporal o IMC de 40 o superior).

Las mujeres con obesidad moderada tenían menos posibilidad de tener un bebé que aquellas con peso normal, aunque con una diferencia que no fue estadísticamente significativa.

El estudio, opinó Shah, no demuestra si adelgazar aumentaría la posibilidad de que una mujer obesa quede embarazada y tenga un bebé por FIV.

“Existen pruebas de estudios previos de que adelgazar eleva esa posibilidad sin tratamiento y reduce el riesgo de tener un aborto u otras complicaciones del embarazo”, expresó.

Lograr un peso saludable sería un buen consejo tanto para las mujeres obesas como con bajo peso.

El equipo observó que las participantes con bajo IMC son menos propensas a quedar embarazadas o a tener un bebé que las mujeres con peso normal, aunque, de nuevo, la diferencia no fue estadísticamente significativa.

FUENTE: Obstetrics & Gynecology, julio del 2011

publico.es

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Embarazo, lactancia e infancia: ¿dieta sin pescado?

La contaminación de algunos pescados con mercurio obliga a buscar alimentos alternativos que suplan los nutrientes beneficiosos de estos (omega-3, proteínas de calidad y vitaminas A y D)

“Una mujer embarazada (60 kg) que ingiera una ración (100 g) de pez espada a la semana superaría la ingesta máxima tolerable de metil-mercurio”, un potente neurotóxico. “Un niño de entre 7-12 años (35 kg) puede consumir solo media ración (50 g) de pez espada a la semana y ningún otro de los pescados grandes (atún, bonito) en esa misma semana”. Estas son algunas de las estimaciones que llevaron al Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) a emitir un “Informe en relación a los niveles de mercurio establecidos para los productos de la pesca”. Las mujeres embarazadas y los niños pequeños (hasta 12 años) son los grupos de población más vulnerables y sobre los que la máxima autoridad sanitaria española emite limitaciones en las recomendaciones de consumo de pescados azules para evitar el riesgo de superar la ingesta máxima de contaminantes como el mercurio en su forma más tóxica, el metil-mercurio. Al ser el pescado azul un alimento esencial de una dieta saludable, por la variedad de nutrientes beneficiosos que contiene (proteínas de alto valor biológico, buena proporción de ácidos grasos omega-3 y escasa de ácidos grasos saturados, vitaminas A y D), cabe pensar en alimentos alternativos que sustituyan al pescado azul, en particular, durante los periodos en los que no se aconseja el consumo de ciertas especies.

Por MAITE ZUDAIRE

¿Dieta sin pescado?

En el informe, la AESAN se centra en no recomendar en ciertas etapas de la vida, como el embarazo, la lactancia y la niñez (hasta los 3 años), el consumo de algunas especies de pescado azul, como pez espada, tiburón, atún rojo (Thunnus thynnus) y lucio, variedades que por su gran tamaño acumulan en los tejidos metales pesados como el mercurio, incluida su forma más tóxica, el metil-mercurio. Este se disuelve de forma fácil en la grasa, llega hasta el embrión durante el embarazo y puede provocar alteraciones en su desarrollo neuronal, así como en niños de corta edad. Por ello, para los pequeños hasta 12 años, la autoridad sanitaria limita el consumo a 50 gramos a la semana, o 100 gramos cada dos semanas, y aconseja no consumir ninguno de los pescados de esta categoría en ese periodo.

 

No obstante, el Comité Mixto FAO/OMS de expertos sobre los riesgos y beneficios del consumo de pescado subrayó en enero de 2010 la importancia de reconocer tres beneficios del consumo de pescado, como fuente de energía, proteínas y una amplia gama de nutrientes esenciales (ácidos grasos omega-3, vitamina A, D) para muchas personas. Destacan también los beneficios del consumo de pescado en la reducción de mortalidad por enfermedad coronaria para la población adulta en general y el beneficio del desarrollo neurológico de los bebés cuyas madres embarazadas y lactantes han consumido pescado en estos periodos.

 

  • Ácidos grasos omega-3. Según el informe, no hay necesidad de evitar el consumo de todo tipo de pescado azul. Las especies de pequeño tamaño, como anchoas, sardinas, chicharros y verdeles de ración, son la alternativa a los pescados azules de mayor tamaño. A esta propuesta de variar el tipo de pescado en el menú semanal, se sumará la de tomar un puñado de nueces a diario (4-6 unidades o 25 gramos de peso neto). Estos son los únicos frutos secos que contienen ácidos grasos de la serie omega-3, en concreto, ácido alfa-linolénico. El organismo es capaz de convertir este en EPA y, en menor medida, en DHA, ambos ácidos grasos omega-3 naturales en la grasa de los pescados azules. Los ácidos grasos omega-3 tienen un papel demostrado en la prevención de las enfermedades cardiovasculares y un efecto antiinflamatorio. El DHA contribuye al desarrollo normal del cerebro y de los ojos de los fetos, lactantes y niños pequeños, así como al desarrollo visual del niño.

 

  • Proteínas de alto valor biológico. Una ración de pechuga de pollo de 125 gramos (peso limpio) proporciona, al igual que el pescado, proteínas de alta calidad y apenas grasa saturada. El huevo es el alimento de origen animal con el mejor perfil proteico, por lo que también sirve como alternativa en las distintas comidas del menú semanal. Si se opta por una alimentación vegetariana, la combinación de leguminosas y cereales garantiza la calidad proteica, así como el consumo regular de soja y derivados, una legumbre que contiene en una proporción idónea todos los aminoácidos esenciales para que el organismo forme proteína humana.

 

  • Vitaminas A y D. De nuevo, los pescados azules pequeños, como el boquerón, la caballa o las sardinas, proporcionan dosis seguras de estas vitaminas liposolubles, en las cantidades habituales en las que se comen. Las verduras de hoja (acelga, berro, espinaca), y aún más la zanahoria, la calabaza, el boniato o frutas como el mango y los orejones de albaricoque, son fuente de vitamina A y de beta-caroteno, una sustancia que el organismo transforma en vitamina A conforme lo precisa. El menú durante el embarazo, el amamantamiento y los primeros años de vida del niño deberá incluir estos alimentos como fuente natural de estas vitaminas, sobre todo, si se limita el consumo de pescados. Además, durante el buen tiempo, es apropiado tomar el sol con precaución unos minutos para que el organismo tenga oportunidad de fabricar vitamina D. En bebés, son suficientes las exposiciones cortas de 15 minutos a la luz del sol varias veces por semana y, en personas adultas, 30 minutos al día en cara y brazos.

consumer.es

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